Demasiado complejo (Antiguo peces digitales)

Enfermería e Informática… Humanismo y Tecnología

Cocinillas

Los que me conocen bien saben que, entre muchas de mis aficiones, me gusta mucho cocinar. Y no soy de los que se ponen ante los fogones una vez por semana en plan “ya está aquí el chef”, ensuciándolo todo y siendo un completo desastre: cocino casi a diario y procuro ser bastante pulcro (más que nada porque después me tocará limpiar).

Algunos ya han probado mi Tiramisú, el Brownie o el Mousse de piña (éste último, receta familiar). También me gusta ir por los foros de cocina o páginas con recetas y probar algo nuevo. Por eso, cuando una famosa marca de videojuegos decidió sacar un juego de cocina, decidí comprarlo a ver qué tal… Ha resultado ser una fantastica adquisición: no sólo la interfaz es intuitiva y sencilla, sino que las recetas vienen paso a paso (algunas con vídeos explicativos) y, cosa importante, las recetas son bastante exactas, lo cual es bastante inusual… ¿nunca os ha pasado que os faltaba relleno para una receta o las cantidades eran absurdas?

Por supuesto, esto no es un post patrocinado… pero puede serlo en cualquier momento 😀

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Coraza

No hace mucho (en tiempo estándar-no mallorquín, es decir, no hace mucho…), ví en el expositor de libros de unos grandes almacenes un libro del cual ya había oído hablar: “Anécdotas de Enfermeras”. Lo primero que pensé era que ya había salido de nuevo un libro en el que vendrían las típicas anécdotas de las que todos hemos oído hablar en alguna ocasión… bueno, en cierta ocasión, también todos habían visto como cierto espécimen de raza canina usaba su lengua… El caso es que me llamó la atención y lo compré para ver qué imagen dábamos las enfermeras…

¡Pues menuda imagen! Chafarderas, cotillas, pudorosas, con un marcado papel matriarcal… y, aunque había un par de personas que daban una perfecta imagen de lo que representa una Enfermera, no conseguían que esa imagen desapareciese y quedase como algo marginal. Después me fijé que la autora no es enfermera, sino periodista, que se ha dedicado a recopilar las anécdotas fruto de varias entrevistas.

La pregunta que me hice estaba bastante clara: ¿habría escogido las anécdotas con “carnaza” y habría desechado las otras? Aquellas que no son ni morbosas, ni cotillas, ni tan divertidas, pero que dan una imagen más real de lo que hacemos… Me quedé pensando en esas cenas entre compañeros (y no tan compañeros) en las que cuentas tus anécdotas y comprobé asombrado que no recordaba nunca haber contado una anécdota “realista”… ni yo ni nadie… ¿Por qué?

Entonces llegué a una conclusión, de la que espero vuestra opinión: ¿será que en realidad sólo queremos recordar las anécdotas banales? Quizá si contásemos cómo ese paciente ha estado luchando contra el cáncer y lo ha superado nos haga recordar en los otros paciente que no lo lograron… y quizá recordar a esos otros paciente nos lleve a recordar lo dura que puede llegar a ser nuestra profesión.

Quizá sea mejor ser una cotilla…

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Cociente de profesionalidad

¿Cuántas veces nos hemos encontrado con gente muy capaz pero que no les renuevan el contrato? Mi mujer es uno de esos casos: es una excelente trabajadora (no lo digo yo, siempre recibe muy buenas críticas de sus superiores y compañeros) pero, como no tiene mucha puntuación en las bolsas de trabajo, está un par de meses un un puesto y después a casita.

Siempre hemos oído de casos en los que los supervisores han podido reclamar a esos trabajadores haciendo que pasen por delante de otros en la bolsa y también conocemos de gente que no pega un palo al agua, pero que, al tener unas puntuaciones altas, le siguen renovando.

Entonces he recordado que en el hospital se está hablando de realizar evaluación por competencias (voluntaria) que consistiría en una autoevaluación, una evaluación del responsable inmediato y la evaluación de los compañeros, dando como resultado el nivel que tienes como profesional en función a unas competencias. El problema es: ¿cómo se traduce eso?

Ahí podría entrar el cociente de profesionalidad: sería un modificador a la puntuación que se tiene en la bolsa de trabajo en función al resultado de la evaluación por competencias. Podría tratarse de un factor por el que se multipliquen los puntos en la bolsa: a mayor evaluación, más aumentan tus puntos; si obtienes una mala evaluación, tus puntos decrecen. Así, no bastaría con sólo hacer cientos de cursos para tener puntos: tendría que demostrarse que aplicas esos conocimientos en la práctica diaria.

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